
Quedan re pocos días para la navidad y fin de año y en las calles ya se siente ese aire navideño, específicamente, temperaturas sobre los 25°, y en mi ciudad muchas luces en el centro, estrés de la gente y calor, sobre todo calor. Supongo que el panorama no será muy diferente en otras partes de nuestro Chile.
En estas fechas típico que hacemos ese pseudobalance, en el que los más organizados quizás anotarán lo bueno, lo malo, los logros alcanzados (¿Alguien hace eso?), mientras que el resto de los mortales apenas nos da para percibir aquella sensación interna de “Que onda, son doce meses y no hice nada”, o bien, “era tan fácil este ramo, ¿cómo no entendía nada hace dos semanas?” o bien usted está bloqueado mentalmente y prefiere no pensar. Es que si hay algo que nos sobra en diciembre es la eficiencia, nos enfocamos en lo que hay que hacer y dejamos de lado artas cosas, especialmente los que entramos en periodo de exámenes y blablablá. Nos sobran también las ganas de en primer lugar, volver el tiempo un poquito para atrás y hacer lo que realmente debíamos hacer, o bien, adelantarlo y que llegue rápido el otro año con todas sus nuevas promesas y oportunidades maravillosas.
Por otra parte en este mes nos falta el tiempo, las noches se hacen cortísimas, y lo más importante nos falta la plata, de alguna manera los gastos de multiplican y falta dinero para comprar regalos, para salir, para ir a la playa, para todo, (anoquepobremarginal!)
Diciembre para mi es el mes más loco y terrible del año, no podría verlo relajadamente bajo ningún punto de vista, no puedo, nadie puede ni podrá jamás. Lo lindo es que se acaba el año, que no importa si no regalas nada, se entiende; que si te echas un ramito, es normal, ya fue y el otro años si que te vas a poner las pilas. Y si el 2011, fue triste amargado y terrible (según esos emos encubiertos), se viene un 2012 en el que todos moriremos quemados, o en las calles durante el verano, o en las salas de clases prematuramente en el mismo mes de enero.
Usted aguántese a la gente sudurosa y las tiendas llenas de seres consumistas, ríase de los viejos pascueros fritos, abra contento su nuevo par de calcetines y su calzoncillo nuevo y ponga la cabeza debajo de la llave (que es rico eso), que ya queda poquito de este loco Diciembre.
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