En medio de una carrera

La vida es como una carrera, una carrera pública y privada en donde nos observamos y nos observan constantemente, en donde hay situaciones que nos presionan y momentos tensos y como en toda carrera, muchos son los momentos en que nos cansamos, nos aburrimos, no queremos continuar, o simplemente nos desanimamos en medio de la pista, en la que hemos emprendido el desafío.

A veces ya no quremos seguir saltando obstáculos, aveces nos queremos detener, sin importarnos que la meta esté muy cerca de alcanzar. Hay situaciones límites en las que simplemente queremos abandonar, sin mirar nuestros sueños, y lo que está por delante.

¿Te ha pasado en alguna ocasión que tanto repetir una palabra esta pierde el sentido, o tanto ver un objeto te terminas aburriendo? Hay ocasiones en que ocurre lo mismo con lo que en algún momento nos apasionó, con el sueño que tenemos y con aquello que nos establecimos como meta, y deja de emocionarnos el hecho de alcanzarla, porque el cansancio, la presión y la fatiga son mayores y nos ganan.

En esos momentos límite es cuando las emociones pierden el valor, ya no sirve que te animen, y te alienten, ya no sirve que te digan que están contigo y que tú puedes, ya no es útil todo esto. Se termina el sentimiento y las ganas de seguir.

Muchos simplemente abandonan la carrera, dejando las cosas a la mitad, muchos nunca alcanzan las promesas y los sueños porque se les acabó la pasión para hacerlos realidad. Pero hay otros que sin importar que se les termine la motivación, aunque se queden totalmente solos con la más grande presión sobre ellos, deciden continuar hacia la meta, olvidándose de lo que está atrás (el cansancio, las desilusiones, la falta de fuerzas, los errores cometidos), y miran una vez más la meta, son aquellos que utilizan el carácter, el dominio propio y la fuerza de voluntad, que son cualidades que se desarrollan en esos momentos de más grande presión, frente a las decisiones de la vida.

Mientras escribo esto me pregunto ¿De qué grupo soy yo?, creo que he sido de ambos y hay momentos en los que he abandonado mi propia carrera, influenciado por el cansancio, la tristeza, por el creer que no hay “nadie” (segun yo) a mi lado en determinadas circunstancias. Pero creo que tal como un corredor olímpico al perder en la competencia, puede regresar el próximo año, puede volver a entrenar duro, puede volver a intentarlo; así también nosotros lo podemos volver a intentar y dejar que nuestro carácter sea formado por aquel que quiere lo mejor para nosotros: Dios.

Las emociones son pasajeras, como una vela que se enciende se terminan por consumir y apagar, pero el carácter que se fortalece frente a las decisiones que debemos tomar, la decisión de continuar o abandonar, determinará lo que alcances en la vida.

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