Detrás de la Máscara

Aparentamos y mostramos lo que no somos, dejamos que otros crean lo que deben creer, lo que es mejor para ellos y para nosotros mismos…

¿Te suena conocido?

Así somos cada vez que nos escondemos tras una apariencia que no es verdaderamente la nuestra, y en cierto sentido me atrevería decir que todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos puesto una máscara, algunos por un rato, otros por mucho tiempo, una tras otra, llegando a vivir enmascarados toda la vida. Escondidos y refugiados en el miedo de que descubran esa verdadera identidad, esa verdad que incomoda mostrar ante los demás.

Cuántas veces tuvimos que mentir, por miedo a las consecuencias que provocaría la dolorosa verdad, cuantas otras sonreímos de forma brillante delante de todos, cuando en realidad esa sonrisa nunca reflejó lo que verdaderamente estabábamos sintiendo en aquel momento. Cuántas veces salieron palabras de nuestros labios que ni aun nosotros mismos creíamos, solo para hacer sentir a gusto a alguien más, solo para no causar dolor o decepción.

Las máscaras pueden ser vistas como un modo de defendernos ante los demás, como un modo de evadir nuestra realidad, de correr desesperadamente de lo que somos realmente, de nuestras frustraciones, de nuestros fracasos y de nuestras heridas, una manera de huir del dolor que nos produce el mostrar la realidad, aún ante nosotros mismos.

Alguna vez viste la película “La Máscara” en donde aquella máscara terminaba apoderandose de la personalidad de ese hombre, tomando control sobre Él. Creo que de la misma manera, cuando llevamos por mucho tiempo una máscara, corremos el riesgo de que esta se “apodere de nosotros”, hasta el punto en que sea casi imposible quitárnosla, dándonos características que nunca tuvimos antes, y que al final nos terminarán dañando. Ocultando lo que realmente somos.

Las máscaras cumplen el propósito de encubrir la identidad, y para descubrir quiénes somos realmente y para qué fuimos creados, para poder soñar y caminar libremente es necesario sacárnoslas, mirar lo que somos, ver nuestras heridas, y nuestras fallas, sanar nuestros rencores, perdonar, dejar la máscara atrás y avanzar en la realidad, mirando a los ojos, con sinceridad.

Las máscaras nunca son para siempre, aún alguien que se murió con una puesta, debió mostrar su verdadero rostro en su funeral quedando expuesto ante todos, y siendo demasiado tarde para confrontar su propia realidad.

Soundtrack: Welcome to the Masquerade – Thousand For Krutch

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7 Respuestas a “Detrás de la Máscara

  1. “hasta el punto en que sea casi imposible quitárnosla, dándonos características que nunca tuvimos antes, y que al final nos terminarán dañando” Y ahí es cuando viene el problema.
    Esto de las máscaras es algo que analizo siempre en la gente y también en mí misma, me rompe mucho la cabeza. También escribí hace algún tiempo algo de esto (http://kawzar.wordpress.com/2010/08/31/behind-a-mask/ si te interesa xD).

  2. Nada es para siempre de la misma forma en que la eternidad es solo infinita mientras dura.

    De igual manera, habrá quienes lleven sus máscaras después de su funeral aunque crean que ya han confrontado su realidad, pues muchos solo recordarán su máscara y no la imagen difusa que ni él mismo sería capaz de reconocer.

    Muy buenas reflexiones…
    Voy a seguir leyendo.

  3. Creo que en cierto punto en algún momento de la vida las mascaras son necesarias, Ejem: el lo profesional.-
    Ahora claro esta en que no debemos dejar que estas tomen el control sobre nosotros, si no mas bien nosotros siempre poderlas controlar.-

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