Una extraña tipa llamada Felicidad

Todos buscan la felicidad, esa cosa que nadie sabe qué es realmente o como luce o que color tiene. Es más, ninguna persona la ha visto alguna vez, ni ha hablado con ella, ni la lleva en la cartera, pero a la vez tiene miles de  nombres. Algunos la llaman, dinero, otros trabajo, familia, padres, hijos, novias y novios, otros la llaman sexo, y otros fiestas, sábado, dormir, comida, seguidores, ventas, educación, y así podría terminarse mi vida contándoles la variedad de nombres que le ponen a esta tipa. Así como personas han pisado la tierra, han existido conceptos y nombres atribuibles a la felicidad que vaya a saber uno donde realmente se encuentra.

Es que para todos es algo distinto, e igualmente anhelada, en silencio o a través de las mas diversas expresiones. La felicidad es de la misma familia de ese otro tipo llamado amor, o de aquella llamada esperanza, o fe. Todos conceptos abstractos, difíciles de entender o definir, muchas veces personales, internos, y distintos para todos.

Si algo hemos aprendido a lo largo de esta búsqueda, es que la felicidad más que ser una meta es la carrera; más que ser risas o palabras son experiencias, emociones; un proceso y no solamente un hecho. Lo que me cuesta entender aun, es la razón que las personas tienen para atribuirle a la felicidad nombres de cosas materiales, como casas, autos, dinero, ropa, etc. Si no es algo material entonces resulta ilógico que la guardemos en el mismo saco. Aun no entendemos que a esta tipa nunca la podremos tocar, quizás tampoco escuchar hablar, o ver sonreír, a la felicidad muchas veces ni siquiera la vamos a sentir. Y esto es lo que la hace peligrosa ya que al ser así, no nos daremos cuenta si está cerca o lejos, si quiere acercarse o si la estamos espantando con nuestras actitudes, no nos daremos cuenta tampoco si somos merecedores de ser sus amigos o mas bien sus enemigos.

Es tan rara, que nos hace ser raros también, nos complicamos la vida buscándola, hacemos las cosas más locas porque creemos que de esa forma la vamos a encontrar y finalmente en los últimos días de nuestra vida, nos damos cuenta que no estaba en los grandes hechos, no estaba en lo que podíamos ver, ni en las cosas que pudimos comprar, ella simplemente estaba ahí al lado nuestro y no la vimos. Se encontraba en cada detalle, en  aquellos más simples y pequeños, estaba dentro de nosotros, pero nos costó tanto dejarla salir, y a la vez estaba al lado nuestro y nos costó tanto dejarla entrar.

Creímos que éramos infelices, pero no nos dimos cuenta que esta tipa, la felicidad, estuvo siempre con nosotros. El problema era que no teníamos los ojos correctos para contemplarla, porque debimos haberla visto con el alma.

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