Al borde del precipicio

Mirar hacia abajo y no saber cuántos metros hay entre el lugar en dónde estás y el fondo, ver y sentir vértigo por la altura, miedo al pensar que te puedes caer, adrenalina por las ganas de tirarte y poder volar por unos segundos, y respeto porque con esas cosas no se juega, me imagino que hay gente que ha muerto de esa forma. Son algunas de las sensaciones o pensamientos que se me vienen a la cabeza cada vez que estoy al borde de un precipicio, en lo alto de una montaña, o mirando hacia abajo desde las alturas.

desde el mundo de tumblr

No siempre estamos al borde de un precipicio; es esencial, primero que todo, haber subido hacia algún lugar alto; yo por ejemplo, he estado al borde de un cerro viendo un río pasar, al borde de unas dunas mirando arena y más allá el mar, o qué se yo, después de haber subido hacia algún mirador en mi misma ciudad. De la misma manera, hay momentos en la vida en los que nos sentimos en lo alto de una montaña. Es cuando alcanzamos nuestras metas, o cuando estamos en una relación excelente con determinadas personas, cuando nos sentimos bien emocional y espiritualmente, estamos felices por haber llegado ahí y la sensación de mirar desde un lugar alto no solo provoca emoción, sino también ponemos cuidado para no caernos, para no volver hacia abajo, en donde anteriormente ya estuvimos, para no volver a pelearte con esas personas que quieres, o no volver a cometer los mismos errores del pasado, para que todo lo que has construido en semanas, meses, años o incluso toda una vida no se desmorone de la noche a la mañana. Pero igual miramos hacia abajo, igual nos imaginamos volar y que alguien allá abajo nos mire  y diga – Mira mamá es Superman!!

Al borde del precipicio hay peligros, pero solo si tu o alguien más lo decide así. Nadie se cae de la nada en un lugar y hay varias opciones para que esto suceda: o te tiras (poco probable si no quieres morir), o te resbalas (puede ser un accidente),  o te empujan a propósito (alguien malo que te odia y quiere matarte, o bien eres protagonista de una telenovela así que no vale), o bien te empujan por casualidad (podría ser, pero para qué tan mala suerte). Así también al borde de los precipicios de la vida, en “nuestras alturas” hay peligros. En este caso es diferente, la mayoría de las veces no nos damos cuenta y casi pasa por accidente, pero no, en la vida real no pasan las cosas por casualidad. Cada vez que nos caemos en la vida, es porque nos acercamos mucho al borde, sin medir los riesgos, nos apresuramos por la sensación de adrenalina que nos genera el peligro, queremos mirar un poco más allá de lo que alcanzamos a ver, y de pronto sin darnos cuenta estamos cayendo rápido, en segundos, en minutos, en rápidas horas, en lo que dura una pelea, una discusión, una falta de respeto, una “canita al aire”, un exceso, una ofensa, causarle una herida a alguien que amamos, etc…  En otros casos es por curiosidad, con conocimiento de lo que pasará, porque queremos volar, porque necesitamos experimentar algo “diferente” y terminamos estrellados en el fondo.

En el fondo del precipicio, es solo eso lo que encontramos: El Fondo. Es el mismo lugar de donde salimos, es el error que no queríamos volver a cometer, es la situación que deberíamos haber evitado, la puerta que no tendríamos que haber abierto otra vez, la culpa, el dolor, las heridas, quizás el rencor o la frustración. Y es en el fondo del precipicio en donde otra vez hay más opciones para que elijamos, y esto implica más decisiones también. La primera: lloramos, nos quejamos, gastamos unos minutos en lamentarnos y en ocasiones se nos pasa la mano y pasamos toda una vida de esta forma, repasando lo que ocurrió, sintiendo remordimiento, quedándonos ahí, heridos, solos e incapaces de hacer cualquier cosa que nos saque de esa condición. La segunda: nos volvemos a parar con las fuerzas que nos queden, tratamos de salir de ahí e intentamos volver a caminar, volver a intentarlo, buscar soluciones y caminos para otra vez subir nuestras montañas, quizás pedirle ayuda a alguien para volver a mirar desde arriba, desde donde podríamos estar si no nos hubiéramos caído.

 

Al borde del precipicio aun no asimilas cómo sería caer. Pero cuando ya estás abajo, cuando has tocado fondo quieres volver a subir, porque ahora lo entiendes todo, porque te duele. Pero con todo eso, no te queda más que volver a levantarte, volver a intentarlo y creer en que ESTO TAMBIÉN PASARÁ.

Personalmente he entendido que en los precipicios de la vida no te vas a morir al caer, no dejas de existir, todo sigue su curso, la gente sigue mirándote, los que te quieren siguen ahí, unos ayudan, otros te observan, otros sufren junto a ti. Pero sigues y seguirás vivo sin importar cuantas veces te caigas o cuantos errores cometas en la vida, y esa es la ventaja de estar vivos, aún se puede intentar, aún se puede volver a empezar.

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