No tuvieron un final feliz

Desde niños nos contaban cuentos con finales felices, que el príncipe y la princesa se casaban, que el bien siempre ganaba por sobre el mal, que la gente buena al final era recompensada, que el que trabajaba duro obtenía buenas cosas. Aún de grandes nos dijeron que nada era imposible para los soñadores y mil cosas más que nos ayudaron a seguir delante, a mantener el alma soñadora y la expectativa alta, esperando que algo suceda para hacernos felices. Y no es que sea mentira, no es que no ocurra jamás, ni que los milagros no existan o los sueños no se hagan realidad, pero evidentemente eran verdades a medias.

Puede leerse pesimista, pero se me hace necesario decir que las historias no son felices siempre, que la vida nos sorprende a todos con mil frustraciones, que la realidad es muy distinta a lo que nos enseñaron y a los sueños que nos vendieron. Casos hay miles: jóvenes que nunca terminaron su carrera, novios que nunca llegaron al altar. Matrimonios que no fueron separados por la muerte, niños que nunca conocieron a sus padres, trabajadores que nunca ascendieron y que no pueden pagar lo que gastan en vivir. El sistema y la vida misma nos puede parecer injusto, y a veces se encarga de dejarnos bien en claro que todo era una ilusión y que fuimos unos idiotas al caer en el juego de ilusionarnos.

¿Pero qué nos queda frente a la realidad si todo es tan malo?

Y creo que todo se encierra en una palabra: “APRENDIZAJE”. Es lo único que nos queda y lo que nos lleva al cambio. La vida es un constante crecimiento, a algunos les cuesta más aprender que a otros, algunos nunca cambian, otros son machacados por las frustraciones y los imposibles, pero ahí están y son admirables por lo que soportan, por lo que han aprendido, por lo que han crecido.
Lo que nos hace felices, no son los finales felices, y tampoco se si la misma “felicidad” como la vemos, es algo tan valioso. Es más bien una emoción transitoria que pasa como todas las otras. Lo que importa en la vida que nos tocó, es aprender y con lo que aprendemos poder construir una vida distinta a la que “nos tocó”. Seguir creyendo, no en los finales felices, sino en aprender de lo que el camino nos entrega, que para muchos también se vuelve lo más valioso de la vida.

Aprovecha tus frustraciones, tus momentos solo, tus abandonos, tus heridas, y todo lo que pueda parecer horrible. ¿Cómo aprovechar toda esa “porquería? APRENDIENDO lo que debas aprender, CAMBIANDO lo que sea necesario cambiar, al final  es para lo único que nos sirven.

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Una respuesta a “No tuvieron un final feliz

  1. ¿y tú, de los casos que diste cuál eres?
    imagino que el segundo en donde aprendes y cambias, pero con qué fin y para qué.
    nunca olvides tu propósito, eres muy importante para DIOS. No importa cuanto cambies, ni cuanto aprendas, si no eres pleno y feliz.
    aunque no te vea seguiré leyéndote, porque me inspiraste a hacerlo, porque vi en ti a Jesús.

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