Lo mejor de ser joven

Aclaremos el concepto de joven. No solamente se es joven de edad, sino de espíritu, de alma, se puede soñar y hacer a cualquier edad. Puedes luchar por tus ideales y por lo correcto en cualquier momento. Para querer hacer las cosas bien no solamente tienes que tener pocos años de vida, porque en todo momento podremos luchar por cambiar las cosas.

Por eso ser jóvenes no es un privilegio de unos pocos, sino de todos los que quieran cambiar las cosas.

Me gustó mucho este llamado a marchar el 13 de Junio por la educación chilena, el llamado a los ideales de las personas, de los “jóvenes” en especial. En primera instancia, a manifestarse porque queremos algo más justo para nuestro país, aunque ya muchos estemos endeudados, en el sistema, en universidades privadas o públicas, de colegios subvencionados o municipales. De alguna forma nos toca a todos, somos parte de la masa que por las decisiones de unos pocos está muy mal hecha.
Marchar y votar, cambiar desde tu burbuja mental hacia afuera, en mi opinión son cosas esenciales que hay que hacer.

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Demasiado para tolerar


En la época del Internet,  las redes sociales, la inmediatez de la información y de la opinión, en donde criticamos todo lo que vemos, decimos si nos gusta o no nos gusta en el mismo momento en el que están ocurriendo los hechos; de pronto, nos damos cuenta de que estamos en cierta forma saturados, sobre-informados,  no nos alcanza el tiempo para saberlo todo, para aprenderlo todo, e incluso en las áreas en las que cada uno se desenvuelve hay una avalancha de cosas que pasan minuto a minuto y queremos compartirlas, tuitearlas, que otros las sepan y darles like.

Al principio; digo, cuando no era tan masivo el uso de Internet y el reino de las redes sociales y los medios digitales, nos conformábamos con lo que la tele y la radio nos decían, aun me acuerdo de ver las noticias y sorprenderme de cosas que ahora ya no me sorprenden, que ahora son el pan de cada día y me pregunto, si  es que el mundo siempre fue tan violento, tan tonto, tan tolerante por un lado y tan intolerante por otro. Sin duda las normas sociales, los niveles de tolerancia y el acostumbramiento y sensibilización han cambiado mucho.

Cada vez nos sorprende por menos tiempo el meme de moda. El video viral de la semana ya no dura más que eso, las 42 frases de todo, el harlem shake que todos hicieron… algo nos llega, nos sorprende, lo compartimos, lo hacemos, nos aburrimos y lo desechamos, esperando lo nuevo que eventualmente vendrá. Toleramos más estupideces que antes y toleramos por menos tiempo esas estupideces, o entretenimiento, o como se les quiera llamar.

Tampoco a nadie le sorprende que hayan desmanes en las marchas, que a la señora de la esquina le quemen el quiosco,  que haya gente viviendo en campamentos cuando somos el país modelo del ingreso per cápita en la región, que haya gente que efectivamente con dos mil pesos diarios tenga que comer en una familia de cinco o más. Ayer le tiran ácido a los carabineros, ellos tiran pelotitas de pintura que sacan ojos, luego les queman sus motos, ellos se llevan a los que marchan y no a los que rompen las calles y así, ya nos acostumbramos, sabemos lo que pasará en una semana más y no nos sorprende, cambiamos de canal y apagamos la tele porque todos muestran lo mismo.
No sorprende por ejemplo, que por todos los gobiernos que han existido desde que tengo conocimiento (unos 4 desde Frei en el que yo era niño) se nos venga diciendo que hay que cambiar un sistema binominal que muchos ni saben lo que es, o que los chilenos en el extranjero puedan votar al fin. Vamos a llegar al año 2056 y los señores a los que les pagamos para hacer algo ¿van a estar discutiendo lo mismo?, ¿van a aprobarlo y luego a cambiarlo otra vez en el 2060?…

En fin, hay una desensibilización sistemática (en términos más psicológicos) a los “estímulos” que nos rodean.  En Internet a cada rato, en política cada día, con la corrupción, con la ineptitud de la gente que nos gobierna, con la violencia de todos los días, en general con todo.

Debemos mirarnos a nosotros mismos, a nuestras familias, a nuestros hijos (cuando los tengamos), a la gente que nos rodea y hacer algo por cambiarnos, por frenarnos, por ser tolerantes con quien hay que ser tolerantes pero no tolerarlo todo. Y esto quizás no se logra siendo presidente de la república como ahora todos quieren ser, y está bien que quieran pero un gobierno no es la solución a todo señores, porque el cambio mayor lo hace uno mismo en su cabeza, en su forma de ver el mundo, en ser íntegro en todo y no convertirse en el chanta insensible y corrupto que tanto odiamos cuando chicos.

Queda mucho más por tolerar y mucho más por frenar, al final cada quien elige lo que quiere.

Por @Dapoalive

Publicado en el portal Realismo Visceral

12 formas de ser un mejor ciudadano

Se viene diciembre y la gente ya comienza a estresarse al ver los árboles falsos de navidad en todas las partes, las luces, al pensar en los pagos de fin de año y en que no alcanzan a hacer todo lo que tenían que hacer para el 2012. Pero tranquilos que acá hay 12 cositas que se pueden hacer perfectamente sin perder la calma y que harán de nuestro entorno algo un poco mejor.
Deja gritar y comienza a sonreír, corriendo por el fin de año, pero feliz por lo menos.


Ilustradora: Frannerd

A mi no me da lo mismo quien gobierne

Hoy desde la “madrugada” los canales de televisión han estado transmitiendo todo lo respectivo a las elecciones municipales en Chile, yo a esa hora estaba durmiendo obviamente porque el día se hizo para dormir. Pero cuentan que ya había gente que había ido a votar a esas horas, la jornada de la mañana fue lenta pero había gente por allá.

Estas elecciones sin embargo, son distintas al resto, son las primeras en las que existe el voto voluntario para todos. ¿Se acuerdan cuando las mujeres no tenían derecho a votar? o peor aun, cuando nadie tenía derecho a votar, cuando nos decían quien tenía que gobernarnos y éramos marionetas del gobernante, rey, o dictador de turno… yo no me acuerdo, aun no estaba pensado que naciera para ese entonces, así que nunca lo vi. Pero muchas veces me siento en esa época, veo como faltan libertades y se transgreden derechos, veo como hay injusticias y como mientras algunos tienen “derechos” y privilegios en exceso, otros no tienen nada, la educación es muy mala, la inequidad parece ser la alcaldesa de nuestras ciudades, muchos aun viven en campamentos, o bajo puentes, no tienen para comer y muy pocos son los que se mueven por ellos, eso sí puedo decir que lo he visto, cada semana cuando junto a un grupo de jóvenes vamos a las calles a visitarlos. Y no es necesario salir a las calles a hacer esa labor para darse cuenta de que el actual sistema electoral, democrático, social y económico está bastante mal, pero tampoco hace falta haber nacido en la edad media para darse cuenta que alguna vez estuvo peor de lo que está ahora. Nací un mes después de que el “NO” ganara en Chile, y se recuperara esa tan anhelada democracia y como a muchos, me contaron que alguna vez estuvo peor, pero también veo injusticias y quiero que algún día , de alguna manera todo esto esté mejor.

En cuanto a la actualidad, ninguno de los candidatos a la alcaldía de mi ciudad me convence, me parecen los mismos de siempre, con las propuestas de siempre, dejando de lado la cultura y la educación y centrándose en construir edificios nuevos y cosas que quizás a mi personalmente no me interesan mucho. Sé que suena generalizado pero es mi percepción actual de las cosas, la tuya puede ser mucho mejor. El punto es que hoy es un día que estaba esperando, tengo ganas de votar, así sea nulo, o así vote por el “menos rancio” de los candidatos tengo ganas de hacerlo, de decir algo, que al final de cuentas es una manera más de expresión y es la manera por la cual además de expresarme se elige a quienes gobernarán en los próximos años. Y como dicen a cada rato los viejos de la tele: “no da lo mismo quien nos gobierne”, y agrego que no da lo mismo los principios que tenga como persona el candidato, ni da lo mismo las propuestas que tenga. Hay que informarse, hay que elegir, lo que se quiera elegir, lo que parezca mejor para cada quien y si hay algún candidato buena onda, decente, y con propuestas que salven, perfecto, anda a votar por él y si no, anda a decir que no te parece, vota nulo, o di lo que tengas que decir. A mí por lo menos NO me da lo mismo, así que me voy a votar.

Y bueno un día platón dijo:
“El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres”

Niños Incómodos [Corto]

Este es el cortometraje que la fundación Nuestro México del Futuro estrenó este mes y que ha logrado llamar la atención de todos quienes lo han visto. Es que no es cualquier corto, entre sus participantes están solo niños interpretando diferentes papeles de “adultos” delincuentes, asaltantes, secuestradores, empresarios, y víctimas.

Es evidente que el hecho de que niños sean los protagonistas del corto suma puntos e impacta mucho más que al ver adultos protagonizando los mismos actos, para ver eso ponemos cualquier película o canal de noticias a cualquier hora y veríamos cosas peores, lamentablemente muchas veces las noticias no logran impactarnos, o sensibilizarnos de la forma en que estas cosas lo hacen. Es fuerte ver a niños haciendo y viviendo todo eso y el corto en ese sentido cumple cabalmente su función.

A todos nos toca el video, a algunos más que a otros, pero Latinoamérica en general necesita cambios y en el actual contexto de violencia, pobreza, corrupción y hasta contaminación excesiva, que son los temas principales que toca el cortometraje, resulta que todos somos parte del mismo contexto, de la misma sociedad con las mismas carencias, independiente del país latinoamericano en el que hoy vivamos.

El mensaje final de “Si este es el futuro que me espera no lo quiero. Basta de trabajar para sus partidos y no para nosotros. Basta de arreglar el país por encimita…” Resulta ser NOTABLE  y cuánto se le podría aplicar también a los políticos chilensis!

Un mundo de ciegos cómodos

desde el mundo de: tumblr

No es necesario ser ciego para no ver lo que ocurre a nuestro alrededor. Pasan los días, meses y años y seguimos viendo lo que queremos ver, lo que nos interesa, lo que nos conviene y lo que en definitiva no logra incomodarnos en lo más mínimo. Somos seres de costumbres y que por sobre todo siempre preferirán la comodidad y el bienestar propio y con un poco de suerte el de su círculo más cercano.

Somos seres sociales, que pueden hablar, pensar y razonar, pero en toda la creación a la vez somos los más egoístas, los más indolentes ante el dolor y la necesidad del resto de los de nuestra especie. Prendemos la televisión y nos da vergüenza escuchar las noticias, que un hombre mató otra vez a su esposa, o que otro violó a su hija, que alguien más murió a manos de delincuentes o de un miembro de su propia familia. Son noticias tan comunes, que justo cuando creemos que no podría ser peor viene otra y otra más. Y si, si puede llegar a ser peor.

Somos ciegos porque no queremos ver, no vale la pena echarle la culpa a nadie más, ni a una iglesia, ni a las creencias o religiones, ni a la ignorancia, ni a los líderes sociales, políticos, ni a la crianza de nuestros padres, no vale la pena desligar al hombre de su responsabilidad. Somos nosotros mismos los que nos tapamos los ojos para no seguir mirando, porque si no miramos, no nos duele, si no miramos, estamos libres de quedarnos en la misma posición, podemos tomar distancia, y seguir protegiendo nuestros intereses.

 

Mientras no nos saquemos las manos de los ojos seguiremos buscando nuestro propio beneficio, viendo hasta donde esas manos, o vendas, o lo que sea que llevamos encima nos permitan ver. Preferimos seguir creyendo lo que creemos, soñando con lo que soñamos, luchando por lo que nos sirve y nos asegura un futuro mas cómodo, pero no necesariamente mejor. Ahí es donde no quiero llegar. Porque cuando me siento cómodo me relajo, no tengo la necesidad de ir a buscar algo más, ni de ayudar a alguien que lo necesite, ni de preguntarle a alguien como realmente está. Enfrentarse a las necesidades del resto nunca será cómodo, sufrir y entregar algo por los demás será aun menos grato, pero cuán necesario es abrir los ojos en este mundo de ciegos voluntarios, en este mundo de ciegos cómodos.

Esa hipócrita tolerancia

Todos queremos ser tolerantes ahora, decimos que aceptamos al resto, que no se debe discriminar y que hay que vivir en paz y armonía, pero en el mismo momento en el que nos tocan aquello que nos molesta, que nos duele, que nos hace recordar algo desagradable, o que simplemente no se alinea con nuestra forma de pensar, se nos escapa el amor bien lejos y sale a la luz el rechazo y la más grande de las intolerancias.


Pasa todos los días en todas partes, con nuestros hermanos, en nuestro trabajo, en las iglesias, entre las religiones, los estilos de música o de ropa, las clases sociales, los colores políticos y en los gustos, sobre los cuales no hay nada escrito, pero si se llegara a escribir llenaríamos páginas con historias de intolerancia y discriminación a cada rato. De esta misma forma nos herimos, nos ofendemos, nos rechazamos y nos golpeamos explícita o implícitamente unos a otros, con las manos, con las actitudes, o con simples miradas cuando a nuestro lado pasa alguien que no es igual o parecido en algo a nosotros.

Me cansa que todo esté tan lleno de estereotipos, de moldes, de máscaras, nada es lo que parece finalmente y nos vamos engañando a cada minuto por las impresiones que nos causa el resto; esto mismo hace que nos cerremos a conocernos y a ver lo bueno del otro, a ofrecerle lo bueno de mi y a mostrarnos como realmente somos. Terminamos aceptando aquello que de alguna manera se acerca aunque sea un poco a la manera de pensar que tenemos y levantamos un letrero diciéndole al mundo lo tolerantes y buenos que somos, pero la hipocrecía está a la vuelta de la esquina y esos mismos letreros se caerían a pedazos delante del resto si verbalizáramos lo que realmente pensamos de los demás, del compañero, del colega, del jefe, de esa persona incómoda en la familia, del que no se adapta al concepto de belleza que manejamos, del que no cree lo que yo creo, el que no piensa como yo pienso.

Las pequeñas faltas de respeto, las insignificantes miradas de desprecio al que está al lado nos llevan como sociedad a las grandes tragedias, a lamentar y a asombrarnos con los ojos bien abiertos de que nadie está libre de ser golpeado, herido, mal mirado o despreciado por alguien que no piensa igual a uno.

Nos falta mucho aún para ser tolerantes, queda mucho aún para no seguir discriminándonos unos a otros.