[My Worship] 7 Fundamentos de un Equipo de Alabanza: La Creatividad (Parte 3)

Fundamento N° 5: CREATIVIDAD

Imagen desde tumblr.

La creatividad es la habilidad de crear nuevas ideas o conceptos, o a partir de ideas o conceptos ya existentes formar nuevas asociaciones que provocarían soluciones originales. Y fue eso justamente lo que Dios realizó cuando nos creó. La biblia señala que a partir del polvo (algo ya existente) formó al hombre y sopló aliento de vida sobre él. Este aliento vino de el mismo Dios (alguien también existente desde la eternidad), haciendo que el hombre sea a su imagen y semejanza. ¿Curioso, imposible, loco? Así es Dios, a veces nos cuesta entender como de la asociación del polvo y un soplo de Dios nació el hombre, pero así es la fe también, creer en lo que a nuestros ojos parece increíble.

El aliento de Dios, su espíritu de vida está sobre cada ser humano en esta tierra, y es en el momento de recibir a Cristo cuando toda nuestra naturaleza vuelve a su diseño original y al propósito por el cual fuimos creados, ser hijos de Dios con todo lo que esto implica.

Es por esto que el ser humano en su esencia es creativo, porque está hecho conforme a la imagen del creador de todas las cosas. Finalmente Dios es la fuente de la creatividad del ser humano, del arte, de la música, de aquellas cosas que hacen que tengamos una vida mejor.

Cuando nos dedicamos a tocar algún instrumento, cantar o formar parte de un equipo de alabanza, es fundamental este punto. Todos estaremos de acuerdo en que hay miles de bandas y equipos de alabanza en el mundo que se dedican a tocar covers de otras bandas o grupos. Lo cual es muy bueno porque siempre nos bendice y está excelente tocar las canciones que más nos gustan e inspiran. Pero, a no ser que tengas una banda tributo, lo ideal es poder componer, crear, utilizar la habilidad que Dios nos ha entregado para hacer nuevas asociaciones y entregar un “cántico nuevo” a Dios.

El salmista David, en muchas ocasiones habla de esto. Un cántico nuevo no es solo para lo músicos o cantantes, es para todo aquel que quiera hacerlo. Sin embargo, son los músicos y aquellos que están al frente, quienes deben constantemente tener una nueva canción en sus labios. Un cántico nuevo a la vez es más que una canción como la conocemos; es ese aliento de vida que se manifiesta en la adoración, es ese toque creativo, que nace en los momentos de intimidad. Hay bandas que pueden componer muchas canciones, pero lamentablemente sonarán como “mas de lo mismo”. Un cántico nuevo que toca el corazón de Dios y de quienes lo escuchan, es ese que viene de la intimidad con él mismo, del conocimiento de su amor, de una relación con nuestro creador, es su misma esencia creadora la que debemos buscar en cada uno de nuestros equipos de alabanza, en nuestras bandas y en nuestro ministerio. Debemos aprender a escuchar el canto del cielo en la intimidad.

No lo copies todo, aun cuando hagas covers de aquellas bandas que te inspiran, puedes ser creativo y eso se notará en cada presentación. En definitiva no eres igual a nadie más en este mundo y tu banda es distinta a todas. Entonces, ¿Por qué hacer lo que hacen todas? Que tu fuente de inspiración esté en tu íntima relación con Dios y marcarás la diferencia.

 

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Al borde del precipicio

Mirar hacia abajo y no saber cuántos metros hay entre el lugar en dónde estás y el fondo, ver y sentir vértigo por la altura, miedo al pensar que te puedes caer, adrenalina por las ganas de tirarte y poder volar por unos segundos, y respeto porque con esas cosas no se juega, me imagino que hay gente que ha muerto de esa forma. Son algunas de las sensaciones o pensamientos que se me vienen a la cabeza cada vez que estoy al borde de un precipicio, en lo alto de una montaña, o mirando hacia abajo desde las alturas.

desde el mundo de tumblr

No siempre estamos al borde de un precipicio; es esencial, primero que todo, haber subido hacia algún lugar alto; yo por ejemplo, he estado al borde de un cerro viendo un río pasar, al borde de unas dunas mirando arena y más allá el mar, o qué se yo, después de haber subido hacia algún mirador en mi misma ciudad. De la misma manera, hay momentos en la vida en los que nos sentimos en lo alto de una montaña. Es cuando alcanzamos nuestras metas, o cuando estamos en una relación excelente con determinadas personas, cuando nos sentimos bien emocional y espiritualmente, estamos felices por haber llegado ahí y la sensación de mirar desde un lugar alto no solo provoca emoción, sino también ponemos cuidado para no caernos, para no volver hacia abajo, en donde anteriormente ya estuvimos, para no volver a pelearte con esas personas que quieres, o no volver a cometer los mismos errores del pasado, para que todo lo que has construido en semanas, meses, años o incluso toda una vida no se desmorone de la noche a la mañana. Pero igual miramos hacia abajo, igual nos imaginamos volar y que alguien allá abajo nos mire  y diga – Mira mamá es Superman!!

Al borde del precipicio hay peligros, pero solo si tu o alguien más lo decide así. Nadie se cae de la nada en un lugar y hay varias opciones para que esto suceda: o te tiras (poco probable si no quieres morir), o te resbalas (puede ser un accidente),  o te empujan a propósito (alguien malo que te odia y quiere matarte, o bien eres protagonista de una telenovela así que no vale), o bien te empujan por casualidad (podría ser, pero para qué tan mala suerte). Así también al borde de los precipicios de la vida, en “nuestras alturas” hay peligros. En este caso es diferente, la mayoría de las veces no nos damos cuenta y casi pasa por accidente, pero no, en la vida real no pasan las cosas por casualidad. Cada vez que nos caemos en la vida, es porque nos acercamos mucho al borde, sin medir los riesgos, nos apresuramos por la sensación de adrenalina que nos genera el peligro, queremos mirar un poco más allá de lo que alcanzamos a ver, y de pronto sin darnos cuenta estamos cayendo rápido, en segundos, en minutos, en rápidas horas, en lo que dura una pelea, una discusión, una falta de respeto, una “canita al aire”, un exceso, una ofensa, causarle una herida a alguien que amamos, etc…  En otros casos es por curiosidad, con conocimiento de lo que pasará, porque queremos volar, porque necesitamos experimentar algo “diferente” y terminamos estrellados en el fondo.

En el fondo del precipicio, es solo eso lo que encontramos: El Fondo. Es el mismo lugar de donde salimos, es el error que no queríamos volver a cometer, es la situación que deberíamos haber evitado, la puerta que no tendríamos que haber abierto otra vez, la culpa, el dolor, las heridas, quizás el rencor o la frustración. Y es en el fondo del precipicio en donde otra vez hay más opciones para que elijamos, y esto implica más decisiones también. La primera: lloramos, nos quejamos, gastamos unos minutos en lamentarnos y en ocasiones se nos pasa la mano y pasamos toda una vida de esta forma, repasando lo que ocurrió, sintiendo remordimiento, quedándonos ahí, heridos, solos e incapaces de hacer cualquier cosa que nos saque de esa condición. La segunda: nos volvemos a parar con las fuerzas que nos queden, tratamos de salir de ahí e intentamos volver a caminar, volver a intentarlo, buscar soluciones y caminos para otra vez subir nuestras montañas, quizás pedirle ayuda a alguien para volver a mirar desde arriba, desde donde podríamos estar si no nos hubiéramos caído.

 

Al borde del precipicio aun no asimilas cómo sería caer. Pero cuando ya estás abajo, cuando has tocado fondo quieres volver a subir, porque ahora lo entiendes todo, porque te duele. Pero con todo eso, no te queda más que volver a levantarte, volver a intentarlo y creer en que ESTO TAMBIÉN PASARÁ.

Personalmente he entendido que en los precipicios de la vida no te vas a morir al caer, no dejas de existir, todo sigue su curso, la gente sigue mirándote, los que te quieren siguen ahí, unos ayudan, otros te observan, otros sufren junto a ti. Pero sigues y seguirás vivo sin importar cuantas veces te caigas o cuantos errores cometas en la vida, y esa es la ventaja de estar vivos, aún se puede intentar, aún se puede volver a empezar.

Cuando correr no es la mejor opción

Fuente: el dashboard de tumblr

Cuando era chico visitaba mucho el campo y recuerdo que con mis primos en una ocasión nos escapamos para ir a mirar al toro y jugábamos a que nos mataría y corríamos por las pampas del sur de Chile, no era un peligro tan real pero era bastante adrenalínico pensar en que moriríamos, así que teníamos que correr por nuestras vidas; seguramente manipulados por el mayor del grupo que nos hacía dar susto en ese entonces jugando con nuestros pobres corazones infantiles. Después un poco más de grande jugaba al  mítico “ring ring raja” y en una ocasión salieron de una casa a perseguirme para pegarme y también tuve que correr por mi vida, luego me atraparon pero eso ya es otro cuento.

Quizás alguien ha corrido para que no le asalten o a quién no le ha tocado correr de un perro que le quiere morder. Estamos diseñados para reaccionar de esta forma frente a los peligros, es un acto reflejo de nuestro cuerpo, se activan las emociones, aumenta el ritmo cardíaco y la respuesta de huida nos hace mover brazos y piernas para arrancar de los peligros reales o imaginarios. Sabiamente fuimos creados de esta manera, otros le echarán la culpa a los siglos de evolución.

Pero qué sucede cuando el peligro no es externo, cuando no hay alguien que te esté persiguiendo para golpearte, ni para matarte, ni para decirte cosas feas, o lo que sea que te afecte, qué pasa cuando el peligro es interno, cuando no son los otros, sino uno mismo quien se hace daño, quien no toma las decisiones correctas, quien se lastima por seguir sus instintos y no hacerle caso a la razón, o al revés, por hacerle caso a la razón y no seguir lo que dice el corazón (se puso cursi la cosa). Es precisamente en esos momentos cuando también decidimos huir, queremos arrancarnos de nosotros mismos, buscamos la forma de escapar. Puede ser tapándose los oídos con la música más fuerte que encontremos o componiendo, o tocando la guitarra, los más artísticos, o llenándonos de muchas actividades para mantenernos ocupados, llegando tarde a la casa, o también puede ser emborrachándonos, fumando para al fin poder relajarse, otros probando otras cosas, y otros cortándose para sentir algo, para no sentirse muertos, agobiados, o en el peor de los casos para morirse definitivamente. Todos en alguna ocasión hemos querido arrancar, hemos querido salir corriendo en diferentes niveles cada uno, pero la pregunta es ¿A dónde puedo ir cuando tengo que escapar de mi mismo?

Y nadie podrá darnos la respuesta a eso, porque es imposible escaparse de si mismo. Podemos pasarnos la vida entera  tratando de escapar, pero el mundo no es tan grande como para esconderse para siempre. Debemos enfrentarnos a nosotros mismos, debemos aceptar, otra veces pelear, otras simplemente comprender y otras tener un encuentro con aquellos que nos ayudan, esos que sin interés te dan una mano. En mi caso han sido personas, amigos, una madre, un padre, en los que he visto un amor incondicional, un amor parecido al de Dios, que nunca te deja. Pero aunque ellos no estén, se que puedo confiar en el amor de Dios “aunque padre y madre te dejaren, con todo, El Señor me recogerá” (salmo 27:10).

Ya no sirve correr y arrancar de ti mismo, cuando lo que debes hacer es parar, mirar, darte la vuelta, verte a ti mismo, y en caso de que esto sea muy difícil, atreverse a mirar al cielo otra vez.

Me tapo la cara

Me tapo la cara cuando me emociono, cuando me sorprendo, especialmente cuando me pongo rojo por algo, me tapo la cara porque quizas no quiero que me vean, o porque hay cosas más importante que resaltar que mi cara. 🙂

Ayer fue uno de esos días en los que debí haberme tapado la cara todo el día, fue mi cumpleaños y me regalaron amor de sobra, mi familia, mis amigos y la gente que menos lo esperaba, pero nadie puede vivir con la cara tapada para siempre. Sin embargo, me di cuenta que soy un favorecido y si debiera encontrar al culpable de mi felicidad culparía a Dios sin durar. Él es quien me ha permitido tener todo lo que tengo y me ha dado felicidad. Hoy podría caer en el mismo discurso de siempre y decir que no merezco nada de eso, que soy un malo y muchas veces desagradecido e infiel, y si bien todo eso es cierto, estaría destapándome la cara y enfocándome en mi mismo otra vez, lo que creo que no debe ser.

Me doy cuenta que al final del día lo más importante no es como soy, ni los errores que cometí, me doy cuenta que muy probablemente Dios tiene otra forma de mirar, que ni se acerca a la mía en lo más mínimo. Mientras nosotros miramos las incapacidades, las fallas y lo mal que hacemos las cosas, mientras vemos lo difícil y complicado que se tornan las circunstancias, Dios se empeña en seguir a nuestro lado, hace todo lo posible y provoca una lluvia de detalles que hablan y otras veces gritan diciéndonos “YO ESTOY CONTIGO Y NO TE HE DEJADO” …y al final del día eso es lo que más importa.

Un año más que me tapo la cara!

Fix You, Coldplay: El soundtrack del día.

Quiero ser una generación diferente

Creo que todos pasamos por momentos en los que sentimos que todo es una rutina sin ningún sentido en la vida. Levantarse, ir a la universidad, hablar con gente cosas superficiales, escuchar, ir a uno y a otro lado, volver por la noche y pensar que tu dia no tuvo nada de especial… Y creo que vivir de esa forma no tiene ningún sentido. Es simplemente existir y acumular experiencias.

Pero que diferente es cuando te levantas y puedes ver que el día tiene un propósito, que no solamente existes, sino que hay algo para hacer que realmente tiene importancia y que marcará tu futuro, quizás puede sonar exagerado, pero estoy convencido de que así deberían ser cada uno de nuestros días, deberíamos aprender a vivir y no solo a existir.

Miro alrededor y puedo ver tantas personas que no le encuentran sentido a lo que hacen, que viven envueltos en una rutina y terminan haciendo cosas que nunca quisieron hacer, con familias infelices y vidas aburridas. O mucho peor, con un verdadero desastre en sus vidas. Me miro a mi mismo y veo las veces en las que también me he sentido de esa forma, he tenido momentos en los que veo mi vida y en realidad no puedo ver ninguna vida mas que un tremendo desastre al que ni se como llegué.

Pero viéndolo mas detalladamente me doy cuenta que para tener un desastre de vida también hay que hacer ciertas cosas bien puntuales. En primer lugar, para sentirte todo un fracasado tienes que dejar de lado tus sueños, esto incluye las metas que te llevan a ellos; también es necesario conformarse con la rutina diaria, la gente coformista siempre resulta teniendo lo que le alcanzó y nunca ve más allá de sus propios ojos. Además para sentir que tu vida es un fracaso es necesario quedarse pegado en el pasado, esto es muy importante, porque definitivamente alguien que vive con la mirada puesta en el día de ayer, en lo que un día tuvo y en lo lindo que fueron esos días, nunca podrá enfocarse realmente en nada para su presente y su futuro. Pero lo más importante es no creer en nada, esto es clave, porque el que no cree, no alcanza nada, no sueña, se conforma, se deja estar y finalmente verá que toda su vida es un total desastre y una rutina sin sentido.

 

Es tan fácil darse cuenta de todo esto, pero es muy difícil comenzar a realizar cambios en la vida, esto último siempre requerirá de esfuerzo y de perseverancia, pero además de eso, requerirá de un sueño que seguir, algo en lo que creer. Y yo personalmente he experimentado que no se puede creer en cualquier cosa, es necesario creer en alguien que sea admirable, que tenga un propósito para tu vida, que le de vida a tu día a día, que te levante de tus caídas y que más que mirar tus errores y limitaciones vea algo grande de ti, alguien que vea tu futuro, alguien que crea en ti y que además de todo esto te ame. Hasta ahora todo eso y más lo he encontrado en Dios, no en ese de las imágenes, no en el de que tanto habla la gente, no a ese que culpan por todo, lo encontré en una relación personal con Dios, un padre, un amigo, alguien que es real, y que es mucho más que una teoría.

Así que para que ser un fracasado con una vida desastrosa, cuando puedo tener una vida de verdad. Definitivamente la decisión que tuve que tomar no fue difícil, pero sí me costó trabajo y me seguirá costando. Pero he decidido, a pesar de los límites que pueda ver, a pesar de las dificultades, creer y ser una generación diferente. No vivir en la rutina, ni seguir los pasos para ser un fracasado.

Finalmente marcar la diferencia es una decisión personal que tu y yo debemos tomar. O somos como esa gran masa humana que por seguir los pasos para ser un desastre, terminó odiando su propia vida; o somos aquellos que si bien les costó, decidieron ser distintos al resto, se atrevieron a creer, se esforzaron cada día por el sueño que les fue entregado y en definitiva marcaron una generación distinta.

Yo ya lo tengo claro ¿Y tú?

De regreso!

 

Es bueno estar de vuelta luego de más de dos meses. Un tiempo de descanso, de pensar y darme cuenta de muchas cosas. Y se siente bien poder volver a pararse con sueños nuevos, con otras metas y expectativas. Se sentía bastante raro y frío haber perdido la capacidad de asombrarse, no sentir nada de nada, pero aquí estamos otra vez. Irse no siempre hace mal, hay veces en que es necesario.

Comienza marzo, las clases, y mil cosas más y hoy me sorprende tener ganas de hacer cada una de estas cosas; se que será un año de mucho aprendizaje, como los anteriores, y me reconforta tener la convicción de que no estoy solo, de que más son los que están conmigo que los que están en mi contra. Así que prepárate 2011, porque tomaré todo lo que venga a mi mano. Ahora lo puedo hacer, porque aprendí como no cansarme.. simplemente no usaré de mis fuerzas limitadas. Ahora me esforzaré pero para usar las fuerzas del que nunca se desanima, del que jamás deja de soñar, del que lo vuelve a intentar una y otra vez, y siempre cree que se puede… Obviamente me refiero a Dios, porque se que de su lado no hay nada imposible! 🙂

Nos leemos!

Las Heridas

Todos, nos hemos hecho heridas, al caernos o golpearnos con algo, o tener un accidente, o de muchas formas más. Recuerdo que cuando tenía como seis años al querer cruzar una calle me atropello una bicicleta (no puede atropellarte una bicicleta jajaja), no fue un gran y espectacular accidente, pero me herí la cara, me tuvieron que llevar al hospital para limpiarme las heridas, hacerme curaciones y cubrirlas para que no se infecten. Luego de unas semanas haciendo todo lo que me dijeron comenzaron a cicatrizar y finalmente desapareció toda cicatriz por completo, ya que no fueron heridas profundas, ni nada tan grave.

Desde ese día cuando fui niño siempre tuve precaución al cruzar las calles, para que no me volviera a ocurrir lo mismo.

Como un año más tarde recuerdo que estaba en la casa de mi abuela, y por mala persona le quise pisar la cola a la gatita que tenían en la casa, y como a ella no le gustó, reaccionó muy violentamente mordiéndome (¬¬ lo sé, no te puede morder una gata. FAIL para mí ..jaja). Por ese mordisco que me dió la gata, tuvieron que ponerme  las vacunas para la rabia… ¿Cuál fue la lección? Nunca le pises la cola a una gatita blanca y tierna, porque no importa lo tierna que se vea, se defenderá. Así que jamás le he pisado la cola a un perro o un gato.

Así es como cada uno de nosotros desde niños vamos aprendiendo cosas, por medio de ese tipo de experiencias que no siempre son las más felices. Experiencias que aveces en mayor o menor medida nos afectan positiva o negativamente, pero al fin y al cabo, nos van dejando una enseñanza.

Pero qué sucede cuando las heridas y los accidentes no son físicos, sino emocionales, cuando no es nuestro cuerpo el que se hiere, sino nuestro corazón y nuestros sentimientos. Aquí es cuando las heridas y accidentes se traducen a fracasos, frustraciones, desilusiones, traiciones, abandonos, etc. Todas situaciones que nos marcan profundamente.

Las heridas emocionales en ciertos aspectos son muy similares a las físicas, ya que siguen un proceso similar. Al igual que una herida física, está el momento de mayor dolor e impacto, que es cuando recién somos afectados; luego buscamos la curación de esas heridas, muchas veces acercándonos a personas cercanas para recibir sus palabras de aliento y apoyo, otras veces nos aislamos y queremos pasar ese momento desagradable solos. Pero hay ocasiones en que las heridas no son curadas, es ahí cuando al igual que una herida en nuestro cuerpo, comenzará a infectarse y a provocarse algo peor.

Una herida emocional, una herida en nuestra alma, también se comenzará a infectar si no es sanada, los recuerdos cada vez se vuelven más amargos y los sentimientos de rabia, tristeza, rencor, soledad, frustración, comienzan a surgir y a formar parte de nosotros. Se forma una raíz de amargura, nos volvemos personas vulnerables. Evitamos cualquier situación o persona que se parezca a la que nos provocó la herida. Decimos aprender de aquello y haberlo superado, pero al no sanar una herida, simplemente se endurece nuestro corazón y en muchas ocasiones, sin querer, volvemos a provocar en otras personas heridas, con nuestras actitudes, formando un circulo vicioso sin final.

Todos hemos sido heridos y lamento informarte que lo seguiremos siendo, incluso seguiremos hiriendo a otras personas con nuestras actitudes y palabras o con la falta de ellas. Pero hay solo una cosa que podemos aplicar y que es efectiva al momento de querer sanar nuestros corazones, esto es el PERDON. La única manera en la que podemos ser sanos es perdonando y pidiendo perdón, cuando hacemos esto, salen a luz aquellas cosas que estaban escondidas haciéndonos daño, y podemos ser sanados, nuestras heridas son limpiadas, y pueden cicatrizar, sin dejar rastro alguno.

El único rastro que debiera dejar en nosotros una herida es una enseñanza, para aprender a seguir adelante, no aquella mala enseñanza que te hace evitar estar con las personas que te hirieron, no la enseñanza de reaccionar mal frente a las situaciones que te recuerdan los momentos dolorosos. Si me atropelló una bicicleta, o me mordió un gato, no por eso no voy a volver a cruzar las calles, o a andar en bicicleta, o voy a odiar a los ciclistas, o a matar a todos los gatos que encuentre, o voy a dejar de visitar la casa de mi abuela (la dueña de la gata). 🙂

Las heridas y los accidentes de la vida deben enseñarnos, deben hacernos crecer de la mejor manera, deben ser buenos y no desastrosos para nosotros. Cuando perdonamos, cuando pedimos perdón, demostramos madurez y crecimiento, pero no ese falso “crecimiento” que te hace ser orgulloso, sino uno que te lleva a reconocer tus errores, y a perdonar los errores de los demás.

“Es muy fácil herir, pero muy difícil perdonar” Solo aquellos que se atreven a crecer con capaces de hacer esto último, los demás son aquellos que seguirán viviendo cada día en el circulo vicioso de las heridas.