¿Te borraría de mi mente?

Te borraría de mi mente, pero a mitad del proceso, vería de uno a uno los recuerdos que tuvimos, todos esos recuerdos que harán que mientras más te quiera olvidar, más querré que te quedes en mi mente, por que ahí es donde perteneces.

-Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos.


Utopía soñada por muchos. Olvidarse de todo lo que pasó, olvidarse de esa persona, olvidarse de las lágrimas, de extrañar, de las ausencias, del dolor. Utopía porque es imposible, utopía porque nos parece lo mejor, lo que debería pasar, lo que necesitamos.

Pero, ¿Qué pasaría si borramos las huellas que dejaron esas personas?, ¿si hacemos desaparecer los errores que cometimos?… probablemente volveríamos a buscarnos a otra persona similar, probablemente, volveríamos a equivocarnos de la misma forma en que lo hicimos antes… y así un círculo de errores y recuerdos borrados sin fin.

Los errores son para eso, las experiencias son para eso, para recordarlas, para aprender de todas y de cada una de ellas. ¿Idealista?, ¿Otra vez utopía?, quizás idealista, pero no utopía, porque esto sí se puede hacer.
Deja tus recuerdos donde pertenecen, en recuerdos, en aprendizajes, en experiencias de vida. Experiencias, sin clasificación de buenas o malas, solo experiencias. Ahí es donde pertenecen.

La ilusión del éxito

"Yo en Osorno"Fotógrafo: Leonidas Altamirado

“Yo en Osorno”
Fotógrafo: Leonidas Altamirano

Hay gente que lucha toda una vida y aun así no consigue lo que esperaba, no logra sus sueños y muchas de sus metas se quedan hasta la mitad. Hay gente que conoce muy de cerca las frustraciones, el rechazo, que ha visto las puertas cerradas en su cara y no ha tenido las oportunidades que quisiera pero aún así lo intenta, no deja de desear cumplir su sueño. Es cierto que quizás no tienen ese éxito que quieren ver; es más, muchos nunca ven nada, pero por lo menos se quedan con la certeza de que hicieron lo que pudieron, de que lo intentaron aun cuando las circunstancias eran difíciles, de que lucharon por aquello que amaban.
Creo que ese es el valor de nuestra existencia y que el propósito de nuestra  vida va más allá de  los triunfos que podamos obtener, de las veces en que le ganamos a alguien más. Al final de cuentas la lucha más intensa es con nosotros mismos, con superarnos cada día. Puede leerse cierto grado de pesimismo y hasta conformismo, pero solo es un cambio de enfoque en la mirada que muchos le damos a la vida y al éxito de esta.
El éxito no son números ni cifras, ni tampoco ganarle a alguien más, porque esa es la superficialidad del éxito, una idea ilusoria de que soy alguien en la vida. No quiero llegar al final sabiendo que lo tuve todo pero seguí siendo el mismo de siempre,  que no crecí, no me caí ni me levanté, no perdoné y no fui perdonado, que me faltó humildad para asumir los errores y que no luché por lo que de verdad amaba. No quiero llegar al final con la duda de que pude haber hecho algo más, pero por cobardía, o quizás por orgullo no lo hice, me callé, no abracé, no reconocí y no amé; porque entonces verdaderamente sería el mayor de los fracasados.

Al final solo nos queda lo que está dentro de nosotros y nuestro legado no es más que un puñado de decisiones.

Esa hipócrita tolerancia

Todos queremos ser tolerantes ahora, decimos que aceptamos al resto, que no se debe discriminar y que hay que vivir en paz y armonía, pero en el mismo momento en el que nos tocan aquello que nos molesta, que nos duele, que nos hace recordar algo desagradable, o que simplemente no se alinea con nuestra forma de pensar, se nos escapa el amor bien lejos y sale a la luz el rechazo y la más grande de las intolerancias.


Pasa todos los días en todas partes, con nuestros hermanos, en nuestro trabajo, en las iglesias, entre las religiones, los estilos de música o de ropa, las clases sociales, los colores políticos y en los gustos, sobre los cuales no hay nada escrito, pero si se llegara a escribir llenaríamos páginas con historias de intolerancia y discriminación a cada rato. De esta misma forma nos herimos, nos ofendemos, nos rechazamos y nos golpeamos explícita o implícitamente unos a otros, con las manos, con las actitudes, o con simples miradas cuando a nuestro lado pasa alguien que no es igual o parecido en algo a nosotros.

Me cansa que todo esté tan lleno de estereotipos, de moldes, de máscaras, nada es lo que parece finalmente y nos vamos engañando a cada minuto por las impresiones que nos causa el resto; esto mismo hace que nos cerremos a conocernos y a ver lo bueno del otro, a ofrecerle lo bueno de mi y a mostrarnos como realmente somos. Terminamos aceptando aquello que de alguna manera se acerca aunque sea un poco a la manera de pensar que tenemos y levantamos un letrero diciéndole al mundo lo tolerantes y buenos que somos, pero la hipocrecía está a la vuelta de la esquina y esos mismos letreros se caerían a pedazos delante del resto si verbalizáramos lo que realmente pensamos de los demás, del compañero, del colega, del jefe, de esa persona incómoda en la familia, del que no se adapta al concepto de belleza que manejamos, del que no cree lo que yo creo, el que no piensa como yo pienso.

Las pequeñas faltas de respeto, las insignificantes miradas de desprecio al que está al lado nos llevan como sociedad a las grandes tragedias, a lamentar y a asombrarnos con los ojos bien abiertos de que nadie está libre de ser golpeado, herido, mal mirado o despreciado por alguien que no piensa igual a uno.

Nos falta mucho aún para ser tolerantes, queda mucho aún para no seguir discriminándonos unos a otros.

Me tapo la cara

Me tapo la cara cuando me emociono, cuando me sorprendo, especialmente cuando me pongo rojo por algo, me tapo la cara porque quizas no quiero que me vean, o porque hay cosas más importante que resaltar que mi cara. 🙂

Ayer fue uno de esos días en los que debí haberme tapado la cara todo el día, fue mi cumpleaños y me regalaron amor de sobra, mi familia, mis amigos y la gente que menos lo esperaba, pero nadie puede vivir con la cara tapada para siempre. Sin embargo, me di cuenta que soy un favorecido y si debiera encontrar al culpable de mi felicidad culparía a Dios sin durar. Él es quien me ha permitido tener todo lo que tengo y me ha dado felicidad. Hoy podría caer en el mismo discurso de siempre y decir que no merezco nada de eso, que soy un malo y muchas veces desagradecido e infiel, y si bien todo eso es cierto, estaría destapándome la cara y enfocándome en mi mismo otra vez, lo que creo que no debe ser.

Me doy cuenta que al final del día lo más importante no es como soy, ni los errores que cometí, me doy cuenta que muy probablemente Dios tiene otra forma de mirar, que ni se acerca a la mía en lo más mínimo. Mientras nosotros miramos las incapacidades, las fallas y lo mal que hacemos las cosas, mientras vemos lo difícil y complicado que se tornan las circunstancias, Dios se empeña en seguir a nuestro lado, hace todo lo posible y provoca una lluvia de detalles que hablan y otras veces gritan diciéndonos “YO ESTOY CONTIGO Y NO TE HE DEJADO” …y al final del día eso es lo que más importa.

Un año más que me tapo la cara!

Fix You, Coldplay: El soundtrack del día.

Vida: Mode On


A algunos les pasará con una canción, a otros con un aroma, una fotografía, un lugar específico, situaciones, objetos e imágenes que quedan marcadas con la huella imborrable de las emociones. Al fin de cuentas nunca nos dejan, a veces recordamos con dolor, otra veces aprendemos a perdonar y recordamos con nostalgia, o incluso con una sonrisa al ver ese pasado que tantas cosas nos provocó.

Las emociones y los sentimientos,  nos diferencian del resto de las criaturas que habitan esta tierra, podemos enamorarnos y llorar de amor, podemos reír a carcajadas, disfrutar cada instante con las personas que para nosotros son importantes, podemos sufrir como pocos seres pueden hacerlo, el dolor no es solo físico sino que llega rompernos el alma. En resumen, podemos sentir, y al fin de cuentas es el regalo más grande.

No podemos no sentir, ni apagar nuestro lado más humano, es difícil no guiarse por las emociones y los sentimientos, y a través de nuestros desaciertos vamos aprendiendo que esto es la vida, que a pesar de todo es un regalo hermoso, para disfrutarlo, quizás no para entenderlo, pero si para aprender, para crecer, para llegar a algún lugar.

Doy gracias de aun estar vivo, porque mientras tenga vida tendré la oportunidad de avanzar.

Cuanto nos ama

Cada vez que me pongo a pensar en cuanto Dios me ama termino preguntándomelo una y otra vez sin encontrar una respuesta definitiva. Solo tengo claro que es demasiado, tanto que no lo podría medir de ninguna manera posible.
En medio de mis errores, de mis fracasos, de mis temores y de lo más oscuro que he pasado en mi vida siempre ha estado Él. No existe nada que impida que se acerque, que me hable, que trate de ayudarme y levantarme cuando me caigo una y otra vez. Aunque yo no se lo pida él lo hace, busca la forma de atraerme, de enamorarme y de enseñarme lo que necesito aprender y es todo esto y más lo que me hace sentirme la persona más amada del universo.

Conocer a  Dios es conocer un amor incondicional, que no es merecido, que no es un amor que se gana haciendo algo, o obteniendo alguna cosa, es gratis, es eterno, es infalible y está disponible para quien lo quiera, para quien lo necesite, para quien lo desee. Por eso aveces no lo comprendemos, estamos acostumbrados a que nos pidan algo a cambio, a que debemos pagar por todo, a que todo es por interés. Pero nunca había conocido un amor mas limpio como el de Dios. Esto nunca dejará de asombrarme.

How He Love Us – John Mark Mcmillan

Bonus: La historia detrás de esta canción:

 

Asfixiante

Hay ocasiones en las que sería bueno ponerse una bolsa en la cabeza para que nadie le vea la cara a uno, para que nadie te pregunte qué es lo que te pasa,o porqué andas con ese rostro. Hay veces en que sería bueno llevar la bolsa en la cabeza para no sonreírle cínicamente a nadie, para no dirigirle la palabra a ninguna persona y para no saber quien está al alrededor.

Sentirse así es malo, no hace bien y no se puede llevar una bolsa sobre la cara para siempre. Hay un momento en el que todos debemos sacárnosla o pedirle a alguien que nos ayude a sacarnos aquello que nos ahoga, que no nos deja sentir el aire fresco, que nos impide ver cualquier cosa buena o mala delante de nosotros, fuera de nuestra burbuja asfixiante.

Cuando te sacas la bolsa, es posible respirar profundamente, y te das cuenta que definitivamente era una idiotez eso de llevar una bolsa en la cabeza, a quién se le ocurre, y que ridículo se ve uno llevándola. El punto es que cuesta darse cuenta no es fácil; es complicado ver la realidad cuando ni siquiera tienes la oportunidad de encontrarte con algo que te refleje; pero aunque sea dificil todos llegamos al punto en el que no aguantamos más y no nos queda otra que quitárnosla.