Tú decides


Yo no se realmente qué mecanismos tomamos para tomar muchas de nuestras decisiones, me imagino que como en todo, percibimos primero la situación, la asociamos con nuestros recuerdos, con nuestros mecanismos de defensa, con las emociones, el miedo, la tristeza, la aversión, la alegría, evaluamos las consecuencias que podrían llegar a tener, incluimos el pensamiento abstracto, el concreto, las experiencias, qué se yo, todo lo que tenemos y al final actuamos. Por lo menos así debería ser según todo lo que aprendemos acerca del comportamiento humano, pero aún nos queda tanto por aplicar.

Es que podemos tener mil herramientas para decidir las cosas, para evaluarlas; podemos tener el centro de control más avanzado del planeta dentro de nuestra propia cabeza, todas las capacidades para tomar las mejores decisiones del mundo, pero algo pasa que caemos en lo mismo. La misma mala decisión, la misma peligrosa, terrible y menos conveniente  decisión que alguien en su sano juicio podría tomar en el mundo.

Ahí están todos los que dijeron nunca lo volveré a hacer, nunca iré otra vez allá, nunca estaré con este tipo de persona otra vez, nunca probaré esto de nuevo, nunca volveré con mi ex, nunca comeré tanto otra vez, nunca volveré a mandar ese mensaje, nunca, nunca te diré (8) 😀 etc… Y a quién no le ha pasado que pasa el tiempo y vuelve a estar en el mismo lugar de antes?

Esto pasa en todos los niveles, desde lo personal, cuando son los mismos pensamientos tontos de siempre, esos que deseamos apartar de nuestra mente los que vuelven una y otra vez. Hasta el nivel macro, ese nivel de volver a votar por la misma candidata de siempre, ese nivel de creer que alguien que no hizo nada antes ahora si lo hará, ese nivel de creerle a esa persona otra vez, ese nivel de no hacer lo que teníamos que hacer, hasta el nivel de la “no decisión” de volver a no jugársela, de volver a desperdiciar el tiempo, de decidir no vivir y de sentirse incompetente ante esos desafíos que requieren que pensemos normalmente.

Podemos tenerlo todo para hacerlo bien, pero ahí quedamos otra vez. Lo bueno de todo es que nunca es tarde, porque aun habrá un nuevo día, una nueva noche, una nueva oportunidad para todo en la vida, si es que amaneces vivo (a) mañana para decidir bien.

Voladas mentales entre tanta contingencia por acá.