Paralizados, pero movilizados.

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Para la mayoría de la gente no es novedad escuchar que alguna institución está en paro, ya sea un sindicato, un colegio, una universidad o un grupo de gente organizada, generalmente por demandas propias de cada ambiente laboral o estudiantil. Los paros siempre han sido un clásico de muchos procesos en la toma de decisiones y una medida de presión ante la institucionalidad que muchas veces abusa, no responde a demandas justas o simplemente una medida para obtener un beneficio a favor de los movilizados.

Está más que claro que nadie protestaría para ser perjudicado, todos buscan ser beneficiados. Y lamentablemente es una medida de presión que es bastante frecuente en nuestro país y en países que llegan a niveles de crisis frente a su comunidad. Digo “frecuente”, porque hace unos años solamente se recordaban los grandes paros de los trabajadores, sindicatos, en los que se pedían mejoras laborales o aumentos de sueldos. Pero desde hace unos años especialmente el 2006 al 2008 y luego en el 2011 hasta la fecha, el auge del movimiento estudiantil y las demandas de este, ante una situación precaria en la educación del país han hecho que sea muy frecuente en una gran cantidad de centros educativos salir a la calle, “irse a paro”, tomarse la sedes de colegios, institutos y universidades como medidas de presión.

Hoy en Chile, en año de elecciones hay muchos colegios y universidades en toma o paro de actividades, todos adhieren a las demandas históricas de la educación y hoy también suman y cobran relevancia las peticiones internas de cada institución. El modelo educativo en Chile está más que cuestionado, y ya más que sabido que es ineficaz y se necesita una re-estructuración profunda.

Para algunos puede parecer algo terrible tener que salir a la calle a protestar o irse a paro, aun más terrible y violento tomarse una sede, pero qué pasa cuando estas medidas son las únicas cosas que pueden ejercer presión frente a las autoridades que tienen el control de las instituciones, y peor aun, cuando esas autoridades muestran negativas a escuchar las peticiones de quienes se movilizan.

Básicamente pasan dos cosas: Los movimientos que surgieron de legítimas demandas de la comunidad se debilitan, pierden su fuerza ante un liderazgo y grupo cansado de no ser escuchados y generalmente todo vuelve a una pseudo normalidad, en donde las instituciones buscan reprimir nuevos movimientos y expresiones de descontento, hasta que cíclicamente vuelven a surgir otras manifestaciones, porque si no hay un problema resuelto el círculo de descontento se repite una y otra vez.

Lo segundo que pasa es que la misma comunidad se cansa, esto es similar al primer punto, la diferencia es que surgen nuevos liderazgos, nuevas opiniones, controversias al interior de los movimientos y generalmente terminan radicalizando sus medidas de presión. Aquí el cansancio por la nula respuesta se transforma en un mayor descontento que obliga a los grupos a alzar la voz más fuerte para que alguien los escuche. Esto no solamente por vías violentas, sino de maneras originales que vuelven a surgir de la misma comunidad.

Una movilización no se mantiene indefinidamente en el tiempo si las demandas son escuchadas y tienen respuestas, las movilizaciones son para negociar, para obtener ese beneficio que ha de ser tan legítimo, tan justo y tan noble que tuvo la fuerza para provocar dicha movilización. Más allá de los resultados satisfactorios o no, estos procesos encierran todo un ambiente que provoca la opinión y el movimiento de las personas por sus ideas, lo cual siempre es positivo. Una comunidad dormida, sin opinión, sin ganas de hacer o cambiar algo, jamás logrará nada.

Somos parte de la sociedad y la sociedad en la que estamos se mueve de esta manera, las grandes transformaciones de la humanidad en términos sociales han surgido de las mismas personas, del descontento, de un movimiento de gente que quiere cambios o respuestas. El que quiera cambiar algo debe moverse, o ese algo lo mantendrá sin ningún cambio.

Publicado en Acción USS el 19 de Junio, 2013. En el contexto de un paro estudiantil.

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¿Qué vamos a Estudiar?

La gran mayoría de los jóvenes pasamos por la llamada “Crisis Vocacional”, en la que no sabemos para dónde va la micro, algunos no tienen idea de lo que quieren estudiar, mientras que otros tienen demasiadas ideas sobre lo que podrían elegir, muchas posibles opciones.

Me he dado cuenta que nuestra generación es bien “multifacética” (nose si es la palabra adecuada), pero hay una gran cantidad de jóvenes que está metido en muchas cosas, que tienen multiples intereses, varios hobbies, se desenbuelven en diferentes áreas, tienen amigos en varios círculos y conocidos por todos lados. Y esto se hace cada vez más presente, y seguramente para las generaciones aún más jóvenes será muchisimo mas notorio.

Jóvenes indecisos que no saben dónde ir, una multitud de chicos que a los 17 o 18 años debe decidir entre muchísimas opciones atractivas, una carrera que se convertirá en su profesión por el resto de sus vidas. Y este es uno de nuestros puntos débiles como sociedad, primero formamos una masa de gente uniformada que valla de acuerdo al sistema, a la cual se le “obliga”  a hacer lo que todos hacen, vestirse como todos se visten en una sociedad uniformada, en donde hasta la moda es un uniforme más y se decide por ellos, sin preguntarles pregunta nada. Pero luego que salen del liceo van las cientos de universidades, centros de formación técnica e institutos profesionales tirándose como locos encima de esta masa de jóvenes, buscando que firmen pagarés, créditos bancarios, que lleven un aval, y también claro, preguntándoles qué es lo que les gustaría estudiar.

¿Esta generación está preparada para eso?, precisamente para eso es para lo que se le ha estado preparando durante toda su vida, pero nos querrá decir algo quizás, la gran cantidad de carreras sin terminar que hay hoy en día, el gran número de estudiantes que se cambian de carrera, y el otro número importante de titulados que no han encontrado trabajo. Y pensar que esto no solo ocurre en Chile.

Hoy hay más facilidades para ingresar a la educación superior, pero esto no es muy útil y provechoso de verdad, si no se hace algo desde una temprana formación en los estudiantes.

Hoy todo gira en torno al dinero y definitivamente debemos tener dinero para alimentar a nuestras futuras familias y para tener una vida más cómoda y ascender socialmente y blablabla… todo eso que desde la infancia nos estan enseñando por todas partes “trabajar para surgir”, “trabajar para ganar plata”, Ok, es parte de la vida, este planeta se mueve así y muchos son muy “felices” mientras tienen dinero, pero todos sabemos que el dinero no dura toda la vida, nos puede dar bienestar pero no felicidad, ni plenitud.

Creo que el descubrir para que servimos, saber en que sitio del mundo tenemos que movernos, y qué es lo que tenemos que hacer, es lo que nos da dirección y nos ayuda a entender nuestro propósito en la vida. Mi propósito en la vida no es ser millonario, ni tener el auto, ni el smartphone del año, ni el ultimo plasma 3D, ni la ropa más cool de la tienda de moda. NO, cuando esa sea mi meta en la vida habré perdido mi verdadero propósito.

Creo que ese es el sentido de la vocación: cumplir un propósito en esta vida, servir de algo para nuestro entorno, y no ser animales consumistas zombies, que para lo único que viven es para saciar su hambre, sin importar a quien maten en el camino. (oka exagero un poco).

Lo que quiero decir es que siempre la vocación será mayor al hambre del dinero, porque el descubrir tu vocación e ir en pos de ella saciará ese deseo interior que todo ser humano tiene en su corazón de ser útil para alguien.

Nuestra Tarea: Descubir nuestra vocación, viviendo en el propósito para el que nacimos. Es una tarea personal que nadie más hará por tí.

Puede sonar utópico e idealista, loco, y descabellado. Pero créeme, que las mejores personas, son esas. 🙂