Lo más importante de la vida.

Estamos tan acostumbrados a vivir que no nos damos cuenta que vivimos. A veces nos perdemos la experiencia de estar presentes por estar pegados ya no solo en el pasado, sino más que nada en el futuro. Los días pasan volando y cada vez pareciera que son más rápidos, ya que el ritmo de vida, la exigencia de las cosas, la rapidez de la tecnología y las competencias son cada vez mayores.

Ya no es suficiente con tener un título universitario, no es suficiente tener un smartphone de última generación, ni tener una conexión a internet,  y no alcanza con el dinero que se gana, porque el sistema y la sociedad cada vez nos exigen más. Necesitamos, no solo un título, sino que algún diplomado, post título, magister, y lo que sea que nos haga ser más que el resto. Necesitamos renovar el teléfono cada 18 meses y si podemos antes mejor, porque el que tenemos ya no es lo suficientemente rápido. Necesitamos imperantemente más velocidad de internet, y más dinero para pagar todo esto y más.  Es un juego que nos termina envolviendo, que nos hace pensar que corriendo es como debemos vivir, que estando a la altura de lo que nos exigen es lo correcto, lo que nos hará sentir bien, porque además sentirse “bien” hoy en día parece ser lo más importante, sin tener en cuenta a costa de qué sea ese “sentirse bien” o cuánto tiempo nos dure esa sensación.

Invertimos el orden de las prioridades y la mayoría de las horas del día giran en torno al trabajo, a la competitividad y a lograr más cosas, que cuando finalmente las logremos no serán lo suficientemente buenas.

¿Cuántas horas dedicamos para nosotros mismos?, ¿De esas horas, cuántas disfrutamos con la gente que amamos?, ¿Cuánto tiempo pensamos realmente en ser felices y en hacer felices a alguien más?.

Una gran cantidad de personas no tienen tiempo para nada de esto y ni siquiera lo piensa,  otros no se lo pueden permitir porque realmente esto ya ha dejado de ser importante. Corremos la vida, llegamos a supuestas metas, nos sentimos satisfechos, pero nos perdemos la otra mitad de la vida, la que no está en las salas de clases, ni el un puesto de trabajo, la que no está en el teléfono, ni en internet. Porque al final tenemos lo superficial como realmente importante.

Alguien por ahí dijo este juego de palabras: “En la vida lo más importante, es que lo más importante, tiene que ser lo más importante”. Y eso al final depende de cada uno, la pregunta es: ¿Es realmente importante, lo que consideras importante para ti hoy?

Ordena tus prioridades y no seas de los que siempre esperan el día de un funeral, de una enfermedad, de una mala noticia, para darse cuenta de lo que de verdad es importante.

Una extraña tipa llamada Felicidad

Todos buscan la felicidad, esa cosa que nadie sabe qué es realmente o como luce o que color tiene. Es más, ninguna persona la ha visto alguna vez, ni ha hablado con ella, ni la lleva en la cartera, pero a la vez tiene miles de  nombres. Algunos la llaman, dinero, otros trabajo, familia, padres, hijos, novias y novios, otros la llaman sexo, y otros fiestas, sábado, dormir, comida, seguidores, ventas, educación, y así podría terminarse mi vida contándoles la variedad de nombres que le ponen a esta tipa. Así como personas han pisado la tierra, han existido conceptos y nombres atribuibles a la felicidad que vaya a saber uno donde realmente se encuentra.

Es que para todos es algo distinto, e igualmente anhelada, en silencio o a través de las mas diversas expresiones. La felicidad es de la misma familia de ese otro tipo llamado amor, o de aquella llamada esperanza, o fe. Todos conceptos abstractos, difíciles de entender o definir, muchas veces personales, internos, y distintos para todos.

Si algo hemos aprendido a lo largo de esta búsqueda, es que la felicidad más que ser una meta es la carrera; más que ser risas o palabras son experiencias, emociones; un proceso y no solamente un hecho. Lo que me cuesta entender aun, es la razón que las personas tienen para atribuirle a la felicidad nombres de cosas materiales, como casas, autos, dinero, ropa, etc. Si no es algo material entonces resulta ilógico que la guardemos en el mismo saco. Aun no entendemos que a esta tipa nunca la podremos tocar, quizás tampoco escuchar hablar, o ver sonreír, a la felicidad muchas veces ni siquiera la vamos a sentir. Y esto es lo que la hace peligrosa ya que al ser así, no nos daremos cuenta si está cerca o lejos, si quiere acercarse o si la estamos espantando con nuestras actitudes, no nos daremos cuenta tampoco si somos merecedores de ser sus amigos o mas bien sus enemigos.

Es tan rara, que nos hace ser raros también, nos complicamos la vida buscándola, hacemos las cosas más locas porque creemos que de esa forma la vamos a encontrar y finalmente en los últimos días de nuestra vida, nos damos cuenta que no estaba en los grandes hechos, no estaba en lo que podíamos ver, ni en las cosas que pudimos comprar, ella simplemente estaba ahí al lado nuestro y no la vimos. Se encontraba en cada detalle, en  aquellos más simples y pequeños, estaba dentro de nosotros, pero nos costó tanto dejarla salir, y a la vez estaba al lado nuestro y nos costó tanto dejarla entrar.

Creímos que éramos infelices, pero no nos dimos cuenta que esta tipa, la felicidad, estuvo siempre con nosotros. El problema era que no teníamos los ojos correctos para contemplarla, porque debimos haberla visto con el alma.

Un buen intento

Siempre miras lo que te hace falta, lo que debes cambiar. Eres experto en mirar cada uno de tus defectos, y los de la gente que te rodea; cada vez que quieres avanzar fijas tu mirada en los obstáculos que hay en el camino, en la disancia que falta por recorrer, en lo lejos que está la meta, en lo imposible que parece alcanzar ese sueño que cada vez se vuelva más grande y más difícil.

Si tan solo pudieras entender que alcanzar un sueño o que lograr una meta no es la única razón para estar en el camino en el que estás, si entendieras que tu camino resulta ser más valioso que todos tus sueños juntos. Es ahí en donde cada día tienes la oportunidad de crecer, de ser mejor, de cambiar esa actitud que hace que tus pies cada día sean más pesados para correr.

Nunca sabrás si eres feliz porque nunca te conformas con lo que tienes, nunca contemplas los detalles y nunca agradeces los pequeños momentos. Si aprendieras a sentir tu respiración, a multiplicar tus sonrisas y a abrazar cuando te dan ganas de hacerlo… tu historia terminaría de forma diferente.

Inténtalo, empieza a vivir.