Pasado v/s Presente, la constante guerra de siempre.

Cuántas buenas oportunidades, cuántos detalles, cuántas perspectivas nuevas de ver la vida, cuántos aprendizajes nos perdemos por estar pegados al pasado. Nos aferramos a los recuerdos (sean buenos o malos), a experiencias pasadas, a relaciones que ya no existen, a personas que se fueron, a oportunidades que no tomamos y continuamos perdiendo cada día lo que tenemos frente a nosotros.

Son muchas las veces en que nos envuelve tanto el movimiento diario, que cuando logramos al fin detenernos solo volvemos al pasado. Tantos muertos en vida pensando en lo que fue su existencia años atrás, meses y días antes, perdiendo la vida que tienen hoy mismo para observar, para aprender, para disfrutar, para reír o llorar, para caminar o detenerse a contemplar. Si miráramos menos hacia atrás y más hacia nuestro alrededor, más hacia adelante, más hacia afuera, hacia lo que está tan próximo a nosotros que no nos damos cuenta que está, estoy seguro que la vida sería distinta. Pero hay tantos acostumbrados a la rutina repetitiva, a la ilusión de que es otro día igual al anterior, que nos perdemos lo mejor de la vida.

La gente, los detalles, las amistades, la música, el aire, el cariño, el deseo, la felicidad, la tranquilidad, la rabia, la pena, la frustración… En la vida todo es pasajero, la vida misma lo es, nosotros lo somos, ¿Por qué perder el tiempo arrastrándolo todo?, ¿Por qué cargar un peso que ya no está más que en nuestra mente, en nuestro recuerdo, y muchas veces en forma de herida en el corazón? Para mí eso no vale más la pena; en la vida no se puede olvidar, pero si se puede volver a avanzar.

“A veces nos aferramos al pasado con tanta fuerza, que no nos quedan manos para abrazar el presente.” (Glidewell)

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